A pesar de estar profundamente emocionado por la avalancha de comentarios que recibió mi último post, he conseguido rehacerme y volver a escribir para continuar relatándoos mis apasionantes aventuras madrileñas. Por cierto, el bueno del Brotha tenía razón con lo de que el problema de mi PC era la RAM; lo he abierto con mis propias manos, he extraído el módulo dañado y desde entonces todo va como la seda. ¡Qué bueno es tener un amigo informático!
Como os conté en el post anterior mi guarida en la capital estaba bastante en las afueras. El hecho de vivir en una zona tan alejada del centro tenía varios inconvenientes, especialmente dos de ellos: el más evidente, como es lógico, es que tardaba unos 40 minutos en llegar al hospital y unos 50 en llegar a la parada de Sol, tanto en Metro como en coche (sí, una vez fui en coche al hospital y tardé lo mismo pero además tuve que pagar 40 €, repito, 40 €, por dejarlo en un garaje durante la mañana). Como dato positivo destacar que me leí cinco libros (de los gordos sin dibujos) en 20 días. El otro incoveniente, menos obvio pero no por ello menos importante, es que en las afueras de Vallecas es imposible encontrar unos buenos tomates RAF, un magret de pato digno de tal nombre o un atún de Bermeo en bote por poner un ejemplo. Yo, que soy todo un gourmet, lo pasé mal al principio pero con el paso de los días terminé por acostumbrarme y sustituí mis pequeños caprichos culinarios por pizzas congeladas Dr. Oetker (debe de ser la única empresa del mundo que fabrica comida italiana precocinada y no se ha tomado la mínima molestia de ponerle un nombre remotamente italiano tipo Giovanni Rana, Buitoni o Nino Dolce). Por otro lado, como sólo iba a estar un mes en la capital, tenía claro que debía exprimir mi estancia en la medida de lo posible. Así todos los días al salir del "trabajo" (llamarlo trabajo es mucho dado que como asistía en calidad de observador mi ocupación era enteramente esa, observar, no tocar nada y darle de comer a los monos) aprovechaba para dar un largo paseo por Madrid, comer en restaurantes de esos exóticos que no hay en las provincias, tomarme una caña en una terraza viendo pasar a sus gentes..ese tipo de cosas. Así el primer día ya estuve a punto de ganar el título de Paleto del Año al casi morir atropellado por no hacer caso de un semáforo mientras me dirigía todo ilusionado a un restaurante japonés a comer sushi. Me aficioné también a un restaurante indio que estaba junto al retiro, con menú del día, bastante rico y económico. Visité también varios tailandeses, mexicanos, un indonesio... y claro, por eso a pesar de mis largos paseos no adelgacé ni un miligramo.
Así pasaba las tardes: paseando por la capital mirando los monumentos y por qué no decirlo también, a las chavalas. Lo cierto es que con la llegada del calor la ciudad estaba llena de cachondas que probablemente habrían abandonado su madriguera tras hibernar durante los fríos meses previos (sí Brotha, por allí debe de haber otro nido de cachondas similar a la que se encuentra en los aledaños de Saiáns, ¡hemos de dar con ella!). Además como M€ y Charlie estaban viviendo en la ciudad, con bastante frecuencia quedábamos y hacíamos ese tipo de cosas que hacen los jóvenes veinteañeros en una ciudad como Madrid: vivir alocadamente, como si no existiese el mañana, dejándonos llevar por la pasión y los sentidos... fundamentalmente beber cerveza vamos. Lo cierto es que las pocas noches que salí me lo pasé muy bien. Es cierto que se rieron del paleto engañándolo para que hablase con el supuesto cantante de Vetusta Morla, que el retorno al hogar era siempre una prueba durísima; una vez me quedé dormido en el metro y me desperté cuando ya había pasado mi parada... pero cuando ya había dado la vuelta e iba en dirección contraria, que las copas eran caras y me dejaba un dineral cada noche... pero la verdad es que lo pasé muy bien. Sin embargo hay una noche que merece mención especial y a la que dedicaré el próximo post. Obviamente me refiero al ¡¡FUNERAL DE MAURO!! (leído con reverb). Hasta la próxima, ahí subo unas fotitos. Nos vemos.
Vista de una esquina del hospital con el Pirulí al fondo.
Mauro Prosinecki, todas para él.
La sana juventud madrileña.
Charlie y yo con Itziar Arzak, la falsa hija del cocinero... o la auténtica hija del falso cocinero, quién sabe.
6 comentarios:
Mauro éstá muy bueno.
Gracias.
Y tú ya no estás gordo, Nieto.
Mierda, quería firmarlo como anónimo.
Fotos de tias!!! Bien, lo que todo el mundo quiere cuando lee el blog de un ex-gordo!
Mi primer pisito en Madrid estaba al ladito de la maternidad. No justo en O'Donell, si no por detrás. Una zona muy maja.
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